Borges decía que la literatura es una forma de la felicidad, pero eso sólo significa que la literatura es un sustituto de casi todas las demás formas de felicidad, que no son más que un camelo; como rezar, como llorar, como pelear por el propio pellejo, la literatura no es un camelo, pero, dado que todos somos una panda de idiotas, nadie descubre que un mes en Cancún le atañe mucho menos que un mes en la Rusia de Alejandro I hasta que la realidad se encarga de recordárselo a bofetadas.
Javier Cercas en el País semanal

